Campeones

EL MEJOR EQUIPO

Mi estado de ánimo cuando me dispongo a ver una comedia de producción española y con ansias de arrasar en taquilla, siempre es inexplicablemente positivo. Lo dice un tipo al que no le hicieron mucha gracia ni la exitosa Ocho apellidos vascos (2014) ni su insufrible continuación, y que no ha pasado muy buenos ratos con este tipo de películas. Mi sentido del humor alcanza su mayor grado de estimulación con el cine de Billy Wilder, los Montey Python, Gene Saks y, en el actual panorama nacional, con Álex de la Iglesia. Por lo demás, las comedias españolas, normalmente basadas en trillados tópicos o chistes anticuados, no han conseguido más que aburrirme o tan solo hacerme pasar un rato ameno pero en absoluto memorable. Y aun así, siempre que me lanzo a ver una, mantengo la esperanza de que me encontraré con un espectáculo entretenido, de que mis risas sonarán a la vez que las del resto del público y de que saldré del cine con una amplia sonrisa. Me conformo con eso, lo de encontrar algo excepcional en este género ya lo he descartado.

Con este moderado optimismo me siento a ver Campeones, película dirigida por el taquillero Javier Fesser que narra las desventuras de un despreciable, gruñón y atormentado entrenador de baloncesto profesional que, debido a una terrible conducta al volante de su automóvil, es condenado en los tribunales a prestar servicios sociales entrenando a un equipo de personas con discapacidad intelectual en un cutre y cochambroso gimnasio de la ciudad. Y por una vez sucede lo insólito, se produce el milagro: la película cumple con mis expectativas. Paso un rato agradable, no miro el reloj en ninún mgomento, simpatizo con los personajes y hasta me río. Es cierto que en ocasiones Javier Fesser tiene la innecesaria necesidad de incluir elementos y situaciones surrealistas en la trama, como para recordar al espectador que fue él quien dirigió esa locura titulada El milagro de P. Tinto (1998) y dos adaptaciones de Mortadelo y Filemón, situaciones en las que mis risas no se escuchan al compás de las del resto del público. Pero admiro la interpretación de ese actor tan camaleónico que es Javier Gutiérrez y que me resulta creíble en cualquier registro y me maravillan también las actuaciones de los jugadores del equipo de baloncesto, todos ellos discapacitados en la vida real, porque han hecho un trabajo realmente digno de admiración.

No negaré que el guion peca a veces de sensiblero, que su trama es de lo más predecible y hollywoodiense ni que sufre un ligero bajón pasada la primera hora, pero Campeones es una de esas raras películas, emocionantes en algunos momentos y divertidas en otros, que logran combinar a la perfección el drama y la comedia y dejar al espectador con un estupendo sabor de boca. Espero que triunfe en taquilla, porque se lo tiene más que merecido.

MUY BUENA

Sinopsis: Marco es el entrenador segundo de un exitoso equipo de baloncesto profesional y está atravesando una crisis con su esposa. Un día, debido a un altercado con el primer entrenador, es expulsado del club y decide ahogar sus penas conduciendo borracho. Como consecuencia, la policía lo lleva a los tribunales y la jueza le condena a prestar servicios sociales entrenando a un grupo de discapacitados mentales, algo que se antoja una misión imposible.

Ficha técnica:

Dirección: Javier Fesser

País y año: España, 2018

Guion: David Marqués y Javier Fesser

Reparto: Javier Gutiérrez, Juan Margallo, Luisa Gavasa, Jesús Vidal, Daniel Freire, Athenea Mata, Roberto Chinchilla, Alberto Nieto Ferrández, Gloria Ramos, Itziar Castro, Sergio Olmo, Jesús Lago, José de Luna y Stefan López

Música: Rafael Arnau

Fotografía: Chechu Graf

Género: comedia dramática

Duración: 124 minutos (2 horas 4 minutos)

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Ready Player One

MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES

No hace demasiado tiempo, las librerías de casi todo el mundo se llenaron de gruesos best-sellers norteamericanos protagonizados por jóvenes que debían enfrentarse en un distópico y futurista mundo a un siempre cruel y opresor sistema que no les permitía vivir en libertad. Como era de esperar, Hollywood vio aquí posibilidad de negocio y rápidamente las carteleras de los cines se contagiaron también de aquella moda. Una moda que dio lugar a películas tan insufribles como The Host (2013), Divergente (2014) o La quinta ola (2016) y a otras perfectamente olvidables como Los juegos del hambre (2012) o El corredor del laberinto (2014). Aquellas películas, que dieron lugar a interminables secuelas gracias a su masivo público adolescente, retrataban distopías futuristas sin transmitir mensaje alguno, con una falta de originalidad alarmante. Nada que ver con las que con tanta sutileza y complejidad plantea la fantástica serie de televisión Black Mirror.

Mi sorpresa es considerablemente grande al descubrir que Steven Spielberg, cineasta dotado de un inmenso talento y amante de los grandes clásicos, firma Ready Player One, película que perfectamente podría ser encuadrada en el antes citado género. La trama se basa en una novela del escritor Ernest Cline y nos presenta una sociedad futurista en la que los seres humanos apenas socializan entre ellos y pasan el tiempo abstrayéndose a una realidad virtual llamada OASIS en la que nada es imposible. La idea no es mala, pero la manera de tratarla sí. El guion parece preocuparse más por saturar al espectador con infinidad de efectos digitales que por construir una trama que resulte coherente. Hay algunas escenas verdaderamente horribles, rodadas con un ritmo frenético que me provoca una continua sensación de ahogo y confusión. Y supongo que los amantes incondicionales de la cultura pop ochentera y de los tan anodinos videojuegos disfrutarán con ella, porque la película está plagada de guiños a ese mundo. Hay referencias a King Kong, Regreso al futuro, Beetlejuice, El resplandor, Star Wars, Parque Jurásico, El gigante de hierro, Alien, Batman, Superman, Godzilla… y muchas otras más de las que yo no me habré dado cuenta.

La película no es terriblemente aburrida, pero sí sufre numerosos altibajos, y no queda claro si su intención es hacer una crítica a la falta de socialización de nuestros tiempos o más bien una oda a todos esos universos virtuales tan de moda actualmente. El caso es que carece de mensaje, que solo busca el entretenimiento. Tampoco me dice nada la banda sonora compuesta por Alan Silvestri ni simpatizo demasiado con sus protagonistas, aunque admito que la interpretación del actor Ben Mendelsohn como villano es más que correcta.

En ocasiones hay algunos planos secuencia que me recuerdan que el hombre que está tras la cámara es el maestro Spielberg, y el tramo final tiene cierto sentido de la aventura, pero la película en general no es más que un olvidable producto indigno del Rey Midas de Hollywood. Apuesto que para que haya sido él quien dirija esto, habrá habido un sustancioso cheque de por medio.

Sinopsis: año 2045. Columbus, Ohio, Estados Unidos. Wade Watts es un joven adolescente al que le gusta escapar de su monótona realidad en el grisáceo planeta Tierra para evadirse al mundo virtual de OASIS donde puede ser y hacer lo que desee. Un día, Jim Holliday, el creador de OASIS, muere, pero deja un reto a todos sus usuarios: encontrar tres llaves ocultas en el universo virtual para lograr hacerse con el control de la empresa, valorada en 500 mil millones de dólares. Así, Wade comienza una carrera contrarreloj contra el resto de jugadores.

Ficha técnica:

Dirección: Steven Spielberg

País y año: Estados Unidos, 2018

Guion: Ernest Cline y Zack Penn

Reparto: Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelsohn, Lena Waithe, Win Morisaki, Philip Zhao, Ralph Ineson, Letitia Wright, T.J. Miller, Mark Rylance, Simon Pegg, Hannah John-Kamen, Julia Nickson, Kae Alexander, David Barrera, Michael Wildman, Lynne Wilmot, Carter Hastings y Daniel Eghan

Música: Alan Silvestri

Fotografía: Janusz Kaminski

Género: ciencia ficción / distopía / acción / futurista

Duración: 139 minutos (2 horas 19 minutos)

Sin conciencia

ESOS CLÁSICOS DE DETECTIVES

Desde muy pequeño siempre he sentido enorme fascinación por las historias de detectives y los misteriosos casos que estos investigan. Durante un periodo de tiempo considerable mi apetito literario se saciaba única y exclusivamente con las aventuras del misógino y soberbio Sherlock Holmes y su inseparable aunque algo torpe compañero el Dr. Watson. Como consecuencia de ello, la imagen que yo tenía de la figura del detective se correspondía con la de un caballero anglosajón con buenos modales y una inteligencia y capacidad de deducción inigualables que se dedicaba a investigar robos o asesinatos. No obstante, a medida que fui creciendo descubrí que al otro lado del océano Atlántico los detectives eran muy diferentes. O al menos así los pintaba el cine. Eran tipos duros y solitarios, fumadores y bebedores empedernidos, personajes de apariencia elegante y moral andrajosa que luchaban contra el crimen con el único propósito de poder ganarse la vida. Y claro, los villanos a los que se enfrentaban ya no eran ingeniosos y sofisticados Moriartys que sabían reconocer el talento de su oponente sino gánsters de la talla de Al Capone con todo un ejército de matones, drogadictos y prostitutas a su disposición.

Ignoro cómo era y cómo es la realidad de estos personajes, pero a mí la imagen que me ha dado el cine americano es esa. Me refiero a películas tan míticas e imprescindibles como El halcón maltés (1941), Historia de un detective (1944), El sueño eterno (1946), Cayo Largo (1948), El tercer hombre (1949), La jungla de asfalto (1950) y muchas más. Aquellas películas estaban dotadas de un ritmo y una esencia admirables. Había verdadera complejidad en sus tramas y misterios que te enganchaban desde el primer momento. Me apena tener que hablar de ellas en pasado, como si se tratasen de obras cuya maestría jamás se podrá igualar, pero me temo que es así. Parece mentira que un género tan maravilloso y con un lenguaje visual tan admirable como el cine negro halla caído en el olvido, pero qué se le va a hacer si ahora la cartelera está poblada de cansinos dioses del trueno o aparatosas superproducciones.

Sin conciencia es una semidesconocida película policíaca estrenada en 1951 y dirigida por el mítico Raoul Walsh en sustitución del director Bretaigne Windust que cayó enfermo al comenzar el rodaje. El film sigue las andanzas de un fiscal de firme temperamento interpretado por Humphrey Bogart y obsesionado con encontrar pruebas suficientes para poner entre rejas a un sádico delincuente, misión para la cual cuenta con la ayuda de un valiente capitán de policía. No es ni mucho menos el mejor ejemplo de este cine, pero sí es un film interesante, en ocasiones hasta intenso, y con una trama sólida y compleja que no toma al espectador por tonto. A veces su ritmo excesivamente acelerado y vertiginoso empuja al guion hacia situaciones algo inverosímiles, pero el conjunto deja la sensación de haber visto una historia original, bien contada y con una cuidadada puesta en escena, además de un muy cinematográfico reflejo de los gánsters y mafiosos, los eternos enemigos de los detectives. Pero de esos individuos con traje y sombrero ya les hablaré en otra ocasión…

Sinopsis: un honrado fiscal por fin está a punto de conseguir lo que quiere. Cuenta con un testigo que vio cómo Mendoza, un peligroso criminal, asesinó a un pobre hostelero. Sin embargo, la noche antes del juicio el testigo muere presa del pánico, lo que obligará al fiscal a revisar el caso detalladamente para hallar una prueba que pueda enviar a Mendoza a la cárcel.

Ficha técnica:

Título original: The enforcer

Dirección: Bretaigne Windust, Raoul Walsh

País y año: Estados Unidos, 1951

Guion: Martin Rackin

Reparto: Humphrey Bogart, Zero Mostel, Ted de Corsia, Everett Sloane, King Donovan, Roy Roberts, Michael Tolan, Bob Steele, Adelaide Klein, Don Beddoe, Tito Vuolo, John Kellogg, Jack Lambert.

Música: David Buttolph

Fotografía: Robert Burks

Género: cine negro / policíaco / intriga

Duración: 87 minutos (1 hora 27 minutos)

La forma del agua

LOS MONSTRUOS DE LOS OSCAR

En los últimos meses, desde antes de las Navidades, he visto desfilar por la pantalla de mi televisión y por las de las salas de cine infinidad de películas americanas, españolas, francesas y de demás procedencias, la mayoría de ellas firmadas por directores de prestigio, protagonizadas por consolidados intérpretes y muchas aclamadas tanto por el público como por la crítica profesional. No obstante, ni una sola de ellas ha logrado regalarme las sensaciones que otorga el gran cine ni mucho menos llegar a emocionarme. Me he entretenido con algunas, me he aburrido soberanamente con otras tantas y solo unas pocas me han parecido verdaderamente buenas, pero en ningún caso obras maestras. Así que, en esta alarmante situación de insatisfacción cinéfila me lanzo a ver una película titulada La forma del agua con el aditivo de que ha sido bendecida con 13 nominaciones de los codiciados Oscar.

Así que, sin sentir ninguna admiración especial por su director Guillermo del Toro, ese hombre obsesionado con las historias de monstruos y extrañas criaturas, me siento en la butaca con la esperanza de ver, por lo menos, algo que me resulte entretenido. Así me topo con un hallazgo excepcional. Los primeros minutos de La forma del agua son un ejemplo del mejor cine posible. Todo está cuidado al milímetro para adentrar al espectador en la triste y sistemática rutina de su muda y poco agraciada protagonista, interpretada con mucha corrección por una actriz que desconocía llamada Sally Hawkins, y presentarnos a sus únicos amigos: una simpática limpiadora afroamericana cuyo principal pasatiempo es quejarse de su inactivo marido y un pintor homosexual en horas bajas incapaz de hacer negocio con su arte. Y es fácil empatizar con estos peculiares y solitarios personajes que solo se tienen los unos a los otros, cuya existencia se ve alterada por el romance entre un monstruo amazónico cautivo en unas instalaciones secretas del gobierno estadounidense y la muda encargada de la limpieza de su habitáculo.

Sigo la historia con interés y me fascinan su impactante tono visual y su cuidada ambientación. Es una película dotada de un encanto y un estilo admirables, repleta de detalles y con una dirección artística brillante. No obstante, pasada la primera hora, la emoción se desvanece. No me conmueve en absoluto el romance entre la atormentada limpiadora y el monstruo acuático y la película alcanza un punto en el que la trama se estanca, no avanza, se repite, se bloquea, y el tedio se apodera de mí durante al menos una larga media hora que se antoja interminable.

Afortunadamente el guion de Guillermo del Toro y Vanessa Taylor logra ofrecer un desenlace digno, sin duda gracias al terrible villano interpretado por el muy convincente Michael Shannon, que me deja la sensación de haber visto un cuento entretenido, original, pero lejos de ser una obra maestra.

Sinopsis: años 60. En plena Guerra Fría el gobierno estadounidense tiene recluido en unas instalaciones secretas a un monstruo acuático del Amazonas con el que esperan ganar cierta ventaja sobre los soviéticos. Sin embargo, sus planes se verán alterados cuando Elisa, una mujer muda que trabaja como limpiadora en la base, se entere de la existencia de la criatura.

Ficha técnica:

Director: Guillermo del Toro

País y año: Estados Unidos, 2017

Guion: Guillermo del Toro y Vanessa Taylor

Reparto: Sally Hawkins, Richard Jenkins, Octavia Spencer, Michael Shannon, Michael Stuhlbarg, Doug Jones, Lauren Lee Smith, David Hewlett, Nick Searcy, Morgan Kelly, Dru Viergever, Maxime Grossman, Amanda Smith, Cyndy Day y Dave Reachill

Música: Alexandre Desplat

Fotografía: Dan Laustsen

Género: fantasía / drama / romance / espionaje

Duración: 119 minutos (1 hora 59 minutos)

Los archivos del Pentágono

Sangre y mentiras en Vietnam

En estos tiempos en los que resulta casi imposible acudir al cine y no toparse con algún título protagonizado por héroes enmascarados y cargantes efectos visuales, se agradece encontrar una película dirigida por cineasta tan reconocido como necesario que es Steven Spielberg. Cine de aventuras, dramático, de ciencia ficción o incluso de animación, da igual, él se atreve con todo. Y si bien las historias que cuenta me pueden parecer más o menos interesantes, cualquier obra que lleve su firma supone para mí una cita obligada como cinéfilo. Spielberg es sinónimo de calidad, de impactante tono visual, de excelente factura técnica y, en general, de cine del bueno. Así que, motivado por las innumerables satisfacciones que me ha dado su obra, me he lanzado a ver Los archivos del Pentágono.

Prosiguiendo con esa afición que el director parece haber desarrollado hacia el cine histórico con títulos como Lincoln (2012) o El puente de los espías (2015), esta vez nos sitúa a principios de la década de los 70, una época convulsa para los Estados Unidos en la que las protestas contra la Guerra de Vietnam, el movimiento hippie, la amenaza comunista y las continuas llamadas del presidente Nixon a la unión y al patriotismo estaban a la orden del día. Y en este turbulento panorama, el destino les brinda a dos longevos periódicos, nada más que The New York Times The Washington Post, la posibilidad de, gracias a una filtración, publicar miles de páginas de archivos secretos del Pentágono en los que se detalla cómo el gobierno estadounidense ha mentido durante más de dos décadas sobre la situación en Vietnam.

Y casi todo en la película resulta modélico. Un guion ágil e inteligente, diálogos repletos de ingenio, ritmo rápido y nada tedioso, excelente dirección artística, creíble ambientación y cuidada puesta en escena. Spielberg narra esta historia como solo él sabe hacerlo. Y qué gusto da ver a esos dos inmensos intérpretes que son Tom Hanks y Meryl Streep compartiendo escena por primera vez en el cine, peleando por ver quién se gana una mayor aceptación entre el público, enfrentados en un duelo que podría ser interminable, cuyo resultado otorga una muy merecida victoria a ambos. Pero estos dos actores encarnan personajes muy distintos en la película. Mientras que Hanks se mete en la piel del simpático editor Ben Bradlee, un periodista de primera, malhablado, testarudo, valiente y descarado, obsesionado por ser primicia; Streep interpreta a la aristócrata Katherine Graham, presidenta del Post, mujer tranquila, educada, inalterable pero fiel a sus principios, que debe tomar una decisión de suma importancia para el periódico y para los Estados Unidos en general.

Y se le coge manía a todos esos cansinos banqueros, accionistas e inversores del periódico que revolotean alrededor de Graham, presionándola para que no publique secretos de estado que podrían arruinar al diario, siempre velando por el bienestar de sus cuentas corrientes. Pero se siente especial desprecio hacia todos esos mentirosos políticos que, aun sabiendo que la Guerra de Vietnam estaba perdida desde el primer momento, decidieron continuar enviando a sus ciudadanos a una muerte casi segura, todo por evitar la humillación que supondría una derrota estadounidense, guiados por su odioso orgullo. No me refiero solo a la lamentable administración Nixon, sino también a la de Johnson, Kennedy, Eisenhower o Truman. Todos son culpables.

Los archivos del Pentágono es una excelente crónica de toda esta historia, a medio camino entre el drama y el documental, que, si bien puede pecar de algo rutinaria en su desarrollo, deja huella en el espectador con un noble mensaje a favor de la transparencia política y la libertad de prensa porque, como bien se dice en el film: el periodismo debe servir a los gobernados, no a los gobernantes.

Sinopsis: año 1971. El diario The Washington Post está a punto de salir a Bolsa. Mientras que su editor Ben Bradlee se centra en cubrir la boda de la hija del presidente Nixon, el The New York Times publica unos archivos secretos del Pentágono sobre Vietnam. Cuando el Times es censurado por el gobierno, un periodista del Post contacta con la fuente que filtró los documentos, y que está dispuesta a filtrar más. Entonces, la presidenta del diario debe tomar una decisión: ¿publicar o no?

Ficha técnica:

Director: Steven Spielberg

País y año: Estados Unidos, 2018

Guion: Liz Hannah y Josh Singer

Reparto: Tom Hanks, Meryl Streep, Jesse Plemons, Bob Odenkirk, Matthew Rhys, Michael Stuhlbarg, Sarah Paulson, Alison Brie, Carrie Coon, David Cross, Bruce Greenwood, Tracy Letts, Bradley Whitford y Zack Woods

Música: John Williams

Fotografía: Janusz Kaminski

Género: drama / histórico / periodismo

Duración: 116 minutos (1 hora 56 minutos)

LO MEJOR DE 2017

 

Ahora que ya ha terminado la época de los turrones, los regalos y las comilonas familiares, con la llegada del nuevo año y la vuelta a la rutina es hora de echar la vista atrás y hacer balance de estos 365 días de cine que hemos podido disfrutar en 2017. Así que aquí os traigo la lista de lo mejor y lo peor de este año en las categorías de cine y televisión. Ante todo, me gustaría mencionar que han sido 34 películas las que he visto de 2017, por lo que pido disculpas por las grandes ausencias que podáis encontrar en mi lista. También debo aclarar que solo las películas estrenadas entre el 1 de enero de 2017 y el 31 de diciembre de ese mismo año en España han sido las admitidas en la lista. Así que, sin más dilación, aquí podéis ver cuáles son.

CINE: LAS 10 MEJORES PELÍCULAS DE 2017:

  1. Dunkerque
  2. Perfectos desconocidos
  3. La la land: la ciudad de las estrellas
  4. La guerra del planeta de los simios
  5. Z, la ciudad perdida
  6. Suburbicon
  7. Star Wars: los últimos jedi
  8. Baby Driver
  9. El bar
  10. Asesinato en el Orient Express

CINE: LAS 5 PEORES PELÍCULAS DE 2017

  1. Señor, dame paciencia
  2. Ghost in the schell: el alma de la máquina
  3. Fe de etarras
  4. Despido procedente
  5. La torre oscura

TELEVISIÓN: LAS 5 MEJORES SERIES:

Si bien mi consumo de televisión este año ha sido de lo más escaso, he podido disfrutar de unas pocas series que me gustaría recomendar:

  1. Sherlock
  2. Stranger Things 2
  3. El Ministerio del Tiempo
  4. Una serie de catastróficas desdichas
  5. El infiltrado

Suburbicon

BIENVENIDOS AL SUEÑO AMERICANO

Cómodas casas de madera, vallas blancas rodeando tu parcela, zonas ajardinadas donde los niños juegan, porches donde sentarse a contemplar la calle, coches familiares aparcados en la entrada… esto es, sin duda alguna, la descripción del vecindario perfecto, el barrio residencial con el que sueñan todos los estadounidenses y que compone la meta del sueño americano. Este modelo, que se instauró en la década de los 50 y que se ha extendido no solo por Estados Unidos sino por todo el mundo, se pensó en un principio para un determinado sector de la población: las familias blancas americanas, sostenidas por los ingresos del patriarca, respetuosas con las tradiciones y criadas en los valores que, según los gobernantes, harían florecer la nación. Me refiero a una sociedad patriótica que ama a su país como si de un dios se tratara, que jamás osa criticarlo, que nunca admite un solo error, y que culpa de ellos a los negros, comunistas, hippies y demás colectivos que supongan una amenaza contra su cómodo sistema o que traigan una mínima posibilidad de cambio.

En Suburbicon, sexta película dirigida por ese buen actor reconvertido en competente director llamado George Clooney, y ambientada en la década de los 50, se nos presenta un barrio residencial envidiable en el que todo el mundo se muestra amable y educado con sus convecinos, y parece ser feliz. Y empleo el verbo parecer y no el ser, porque toda la bondad y el buen rollo que vemos reflejado en los personajes del film no es más que una farsa. Clooney nos adentra en la historia de una familia blanca americana cuya lisiada matriarca es asesinada por unos ladrones en una terrible noche en el vecindario de Suburbicon. Y lo que parece ser una insalvable tragedia para esta buena familia, un drama espantoso, pronto se convierte en una violenta intriga criminal no exenta de amenazas, chantajes, asesinatos, infidelidades y demás sucesos que rompen por completo con la moral del tranquilo vecindario.

Y la trama engancha, se ve con interés. Es una película bien dirigida e interpretada por un serio Matt Damon y una genial Julianne Moore, una actriz formidable que me resulta creíble en cualquier tipo de personaje pese a que este en particular me parece de lo más irritante. Y la manera de comportarse de los personajes, los diálogos, el humor negro y comedido, el tono visual del film… todo ello está impregnado del estilo y la esencia de esos genios a ratos fantásticos a ratos insoportables que son los hermanos Coen, coautores del guion de la película, lo que me convence de que son ellos los culpables de su ritmo excesivamente pausado y de su contenido potencial.

No obstante, Clooney, como buen contador de historias que es, se ha asegurado de que todo en la película resulte lo más clásico posible porque no solo es un film ambientado en los 50 sino que además también parece haber sido rodado en esa época, con escenas que me recuerdan al cine de Hitchcock, música algo atronadora y planos que no se emplean ya desde el Hollywood dorado. E incluso se permite incluir un macabro tramo final (que podría haberlo sido más pero que me ha encantado) y conclusiones que serían capaces de incomodar al propio Trump.

Sinopsis: años 50. Gardner Lodge es un padre de familia que vive junto a su mujer y su hijo en el tranquilo barrio residencial de Suburbicon. Una noche dos ladrones entran en su casa y asesinan a su esposa con cloroformo. Tras esto, la cuñada de Lodge, la tía Margaret, se muda a vivir con él, lo que hace que su hijo Nicky comience a sospechar sobre la verdad que se esconde tras el asesinato de su madre.

Ficha técnica:

Director: George Clooney

País y año: Estados Unidos, 2017

Guion: Ethan Coen, Joel Coen, Grant Heslov y George Clooney

Reparto: Matt Damon, Julianne Moore, Noah Jupe, Glenn Fleshler, Oscar Isaac, Michael D. Cohen, Steve Monroe, Gary Basaraba, George Todd McLachlan, Carter Hastings, Dash Williams, Alex Hassell, Lauren Burns y Tony Espinosa

Música: Alexandre Desplat

Fotografía: Robert Elswit

Género: cine negro / comedia negra / thriller / intriga

Duración: 105 minutos (1 hora 45 minutos)

TRÁILER DE LA PELÍCULA: