Piratas del Caribe: la venganza de Salazar

ENTRE LO ESCASO Y LO EXCESIVO

Cuando vi por primera vez Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra (2003), esa primera entrega de la saga que dirigió el talentoso y exagerado director Gore Verbinski, me agradó bastante. Me pareció una excelente combinación entre aventura, acción y comedia que, aparte de presentar al original y extravagante personaje del capitán Jack Sparrow, me dejó cierto regusto a los clásicos del género, al cine de siempre. Esa sensación no se repitió en su secuela Piratas del Caribe: el cofre del hombre muerto (2006) donde la saga tomó un tono diferente añadiendo extrañas criaturas sobrenaturales y demás monstruos a su trama, aunque he de reconocer que me divirtió moderadamente. Y luego llegó Piratas del Caribe: en el fin del mundo (2007), donde mi tedio ya fue notable. Tras esto, se suponía que la historia había terminado, pero entonces apareció Piratas del Caribe: en mareas misteriosas (2011), vapuleada y criticada por los fanáticos de la franquicia. Yo, sin embargo, no comparto ese desprecio por esta cuarta entrega, sino que al contrario, me pareció una muy entretenida película de aventuras al estilo de la original. Pero hoy nos centraremos en su, hasta la fecha, último filme: Piratas del Caribe: la venganza de Salazar.

Para empezar, hay que decir que este filme, tras el batacazo en la crítica que supuso su predecesor, se preocupa en cierto modo por recuperar la esencia y ese estilo sobrenatural que caracteriza a la saga comenzando mismamente por el villano, que ya no es el temido pirata Barbanegra como en la anterior, sino un navegante fantasma español llamado Salazar interpretado con maestría por el actor patrio Javier Bardem que ya demostró su talento para interpretar personajes malvados en Skyfall (2012). Sin embargo, la película también tiene una estética diferente al resto, más original y visualmente más artística, pero excesivamente digital. Al principio, las escenas de acción resultan entretenidas, aunque algo faltas de humor, y a medida que avanza la película, la comedia va a más, pero las secuencias de acción van a menos, estando estas tan atiborradas de efectos digitales que es casi imposible evitar saturarse y hasta confundirse con lo que está sucediendo en la pantalla. En ciertas ocasiones, echo de menos alguna que otra escena de descanso, de simple diálogo entre sus personajes, y no de tanta acción, que en ocasiones es hasta insulsa. Podemos decir que el filme se mueve entre lo escaso (por cierta sosería en las escenas de acción ) y lo excesivo (por su continuo despilfarre de efectos especiales).

A rasgos técnicos, el filme resulta impecable. Todo es ejemplar: el maquillaje, la fotografía, el vestuario, la puesta en escena, el diseño de producción… pero todo es excesivamente digital. Tanto, que a veces resulta falso. Respecto al reparto, Johnny Depp se mete a la perfección en el personaje de Jack Sparrow, pero tampoco creo que eso suponga mérito alguno, es un personaje que ya conoce bien y que sigue el patrón de sus otros papeles: interpretar a un loco, trastornado o extravagante ser. Aunque claro está, Jack Sparrow es la esencia de la saga. También sigue ahí el brillante actor Geoffrey Rush interpretando al pícaro pirata Héctor Barbossa, una vez más magnífico. Y con respecto a las nuevas incorporaciones, la pareja formada por Brenton Thwaites y Kaya Scodelario, me han parecido bastante correctos y acordes con el espíritu de esta inmortal saga, porque, a juzgar por el desenlace de esta quinta aventura, tendremos Piratas del Caribe para rato.

Por cierto, que a nadie se le pase por alto el cameo de Paul McCartney. En esta saga hay espacio hasta para los Beatles… aunque aquí el espacio musical lo domina la espectacular banda sonora de la saga compuesta por Klaus Badelt y Hans Zimmer, que siempre da gusto escuchar.

NOTA DE LA PELÍCULA: 7 / 10

Sinopsis: siglo XVIII. Henry Turner es un joven que pretende librar a su padre, el pirata Will Turner, de una terrible maldición que le obliga a estar sujeto al barco El Holandés Errante. Para ello, solo tiene una posibilidad: encontrar al capitán Jack Sparrow y tratar que le ayude para encontrar el Tridente de Poseidón, una reliquia que dará el control de todos los mares a aquel que la posea. Sin embargo, el cruel navegante fantasma Salazar ha vuelto de entre los muertos para vengarse de Sparrow por una vieja historia del pasado.

Ficha técnica:

Dirigida por: Joachim Rønning y Espen Sandberg

País y año: Estados Unidos, 2017

Guion: Jeff Nathanson

Reparto: Johnny Depp, Javier Bardem, Brenton Thwaites, Kaya Scodelario, Geoffrey Rush,Orlando Bloom, Kevin McNally, David Wenham, Stephen Graham, Adam Brown,Golshifteh Farahani, Martin Klebba, Goran D. Kleut, Jessica Green,Paul McCartney y Keira Knightley

Música: Geoff Zanelli

Fotografía: Paul Cameron

Género: aventuras / fantasía / piratería / acción

Duración: 129 minutos (2 horas 9 minutos)

El temible burlón

AVENTURAS EN TECHNICOLOR

Si tuviéramos al cine de piratería como una fiable fuente de información histórica, costaría mucho creer que el todopoderoso Imperio Británico fuese capaz de conquistar tantos territorios y convertirse en el imperio más grande que la Historia jamás haya conocido, dada la torpeza y escasez de inteligencia de sus soldados. Son muchas las mofas, burlas y caricaturas de las que han sido víctimas los soldados británicos en las películas de piratería en las que el héroe es el pirata que siempre consigue su propósito y los fieles servidores de su majestad de Buckingham sus torpes enemigos.

Robert Siodmak, director del filme

Ahora que la exitosa saga Piratas del Caribe protagonizada por Johnny Depp, llega a su fin con la última entrega que se encuentra en cines, he decidido dedicarme a buscar grandes clásicos del género de la piratería cuyo estilo choca completamente con el despilfarre de efectos digitales que continuamente muestra esta última. Me refiero a clásicos como la gran El halcón del mar (194o), La isla del tesoro (1950) o, por supuesto, la fantástica Capitán Blood (1935) de la que ya les he hablado con anterioridad. Pero hoy nos centramos en El temible burlón (1952).

El temible burlón es una divertidísima aventura con el estilo y el aroma de los grandes clásicos del género y un pasteloso y colorido Technicolor que resalta la excepcional puesta en escena de la película dotándola de un tono muy similar al de los musicales hollywoodienses. Burt Lancaster y Nick Cravat, íntimos amigos en la realidad, hacen aquí demostración de sus grandes habilidades acrobáticas en las continuas y desternillantes persecuciones y peleas contra los muy elegantes e increíblemente torpes soldados del Imperio Británico. Esta película tiene todos los elementos de cualquier gran espectáculo: persecuciones, batallas, grandes navíos… y es que el filme combina a la perfección la aventura, el romance y la comedia.

Su director, el alemán Robert Siodmak (experto en el género), hace un esfuerzo y una demostración de gran cine, un gran clásico de aventuras que, sin efectos digitales ni aditivos de ningún tipo, y con numerosos elementos que el espectador puede considerar guiños a la obra de Julio Verne (ese pequeño submarino del final no puede ser casualidad), resulta una obra indispensable. Lástima que durante su rodaje en la isla de Ischia (Italia), las cámaras de la película no solo rodaran una escena de acción protagonizada por Lancaster y Cravat sino también un lujoso barco crucero que nada pintaba en el mar Caribe del siglo XVIII, pero podemos hacer la vista gorda dada la indiscutible calidad de la película.

NOTA DE LA PELÍCULA: 8 / 10

Sinopsis: el capitán Vallo, más conocido como el Pirata Carmesí, es un temido corsario que, durante un viaje por el mar Caribe, captura una fragata enviada por el Rey de Inglaterra en la que viaja el malvado Barón Gruda para aplastar una rebelión en la isla de Cobra. El Barón Gruda le hace una oferta a Vallo: capturar al líder rebelde apodado El Libre a cambio de una elevada recompensa. Vallo acepta, pero lo que no sabe es que El Libre ya está encerrado en una vigilada prisión británica y deberá rescatarlo si quiere su recompensa.

Ficha técnica:

Dirigida por: Robert Siodmak

País y año: Estados Unidos, 1952

Guion: Roland Kibbee

Reparto: Burt Lancaster, Nick Cravat, Eva Bartok, Torin Thatcher, James Hayter, Leslie Bradley, Frederick Leister, Noel Purcell, Margot Grahame, Christopher Lee y Dana Wynter.

Música: William Alwyn

Fotografía: Otto Heller

Género: aventuras / piratería / capa y espada / comedia

Duración: 104 minutos (1 hora 44 minutos)

 

Doce hombres sin piedad

HENRY FONDA: SOLO ANTE EL PELIGRO

Siempre he sentido una gran admiración por las películas que giran en torno a juicios, abogados, fiscales, casos o demás elementos del sistema judicial. Me encanta la figura del personaje que defiende la justicia y la verdad hasta la muerte porque realmente cree en ella, una figura que, lamentablemente, escasea en la sociedad de hoy en día. Me refiero a personajes como ese serio y al mismo tiempo bondadoso abogado llamado Atticus Finch que Gregory Peck interpretó en la fantástica Matar a un ruiseñor (1962), o a ese implacable defensor de la justicia al que Spencer Tracy dio vida en La herencia del viento (1960) o a ese juez tan objetivo e imparcial al que también interpretó este último en la brillante ¿Vencedores o vencidos? (1961).

Doce hombres sin piedad nos presenta a un personaje muy similar y al mismo tiempo completamente diferente a todos estos citados. El filme gira en torno a un jurado compuesto por doce hombres que deben decidir si un joven muchacho acusado de haber asesinado a su padre con una navaja es o no culpable de dicho delito. A simple vista, las pruebas resultan evidentes y todo parece indicar que el joven es culpable, pero para poder dictar sentencia, el resultado ha de ser votado por unanimidad, y uno de los doce hombres que componen el jurado, cree que es inocente.

A este hombre da vida el gran actor Henry Fonda componiendo un personaje que se encuentra completamente solo en su postura y cuyo objetivo será tratar de exponer sus ideas para lograr que en las mentes de sus compañeros surja una duda razonable que les haga cambiar su voto. Como decía, el personaje de Fonda es bastante similar a los anteriormente citados, pero guarda una gran diferencia con ellos: él no es jurista. Tan solo es un arquitecto, un ciudadano normal y corriente que solo intenta tratar de alcanzar la verdad y que no recibirá nada a cambio. Mientras que el resto del jurado decide condenar al joven acusado sin ningún tipo de deliberación ni discusión previas porque prefieren salir de la calurosa sala en la que se encuentran lo antes posible, él no cesa de examinar uno a uno todos los datos, pruebas y testimonios del juicio. Una situación en la que queda patente el choque de opiniones entre personas completamente distintas por motivos éticos, religiosos… y en la que se puede disfrutar de grandes duelos dialécticos.

Mediante esta trama sólida y verosímil basada en un guion televisivo del escritor Reginald Rose, el director Sidney Lumet hace una hábil e ingeniosa crítica a los prejuicios con que juzga el ser humano, a la falta de objetividad y a la pena de muerte haciendo además un muy buen reflejo de la sociedad americana de la época. Película indispensable.

NOTA DE LA PELÍCULA: 9 / 10 

Sinopsis: un joven de 18 años procedente de los suburbios de la ciudad es acusado de asesinar a su padre con una navaja en su propia casa. Tras el juicio, los doce hombres que componen el jurado se retiran a una sala para decidir su veredicto que debe ser votado por unanimidad. Cuando se realiza la primera votación, once de ellos votan que es culpable, pero uno piensa que es inocente.

Ficha técnica:

Dirigida por: Sidney Lumet

País y año: Estados Unidos, 1957

Guion: Reginald Rose

Reparto: Henry Fonda, Lee J. Cobb, Jack Warden, E.G. Marshall, Martin Balsam, Ed Begley,John Fiedler, Robert Webber, Jack Klugman, George Voskovec, Joseph Sweeney,Edward Binns, Billy Nelson, John Savoca, Rudy Bond y James Kelly.

Música: Kenyon Hopkins

Fotografía: Boris Kaufman

Género: drama judicial / intriga

Duración: 95 minutos (1 hora 35 minutos)

Hasta el último hombre

EL RETRATO BÉLICO DE GIBSON

Desmond Thomas Doss fue el primer objetor de conciencia en recibir la Medalla de Honor de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó al ejército estadounidense con el único objetivo de salvar vidas, no de quitarlas. En el campamento de entrenamiento, se negó a sostener un arma y tras pasar por un juicio militar en el que reivindicó sus derechos amparados por la Constitución, consiguió ir al campo de batalla sin una sola arma, salvando la vida de 75 soldados.

Con esta premisa, el director Mel Gibson que ya resaltó las figuras de William Wallace y de Jesucristo en la aclamada Braveheart (1995) y en la sangrienta La pasión de Cristo (2004) respectivamente, se encarga ahora de contarnos la vida de este personaje. Aunque a simple vista pueda parecer la típica historia de guerra y superación personal que no es más sino una excusa para mostrar con orgullo el patriotismo americano y la bandera de las cincuenta estrellas ondeando al aire, Hasta el último hombre es la historia de un hombre con ideales, fiel a sus principios y a su religión que luchó hasta el final por conseguir lo que quería, sufriendo las continuas burlas e incluso agresiones de sus compañeros, quedando así el patriotismo en segundo plano. Y la cosa funciona.

Pese a que la primera parte de la película es más una empalagosa historia de amor con un guion un tanto flojo cuya intención es familiarizarnos con los personajes principales, la segunda toma un tono más serio y dramático sumergiéndonos en plena Segunda Guerra Mundial con unas espectaculares escenas que recrean con impactante realismo la sangrienta Batalla de Okinawa. Y es que en el filme de Gibson se puede ver sangre, vísceras, sesos y demás órganos internos del ser humano que logran mostrar a la perfección el horror de la guerra asemejándose bastante a la increíble escena inicial de Salvar al soldado Ryan (1998). Sin embargo, las imágenes que Gibson crea en su filme resultan en ocasiones algo falsas, no sé si por un abuso de croma, mientras que otras me recuerdan al cine clásico de los años 50. Podríamos decir que Gibson se mueve entre el más puro clasicismo y la revolución digital.

En resumidas cuentas, pese a sus más y sus menos, Hasta el último hombre es una buena película que, con una historia sobre la fuerza de los ideales de una persona, pasará a la historia del cine bélico.

NOTA DE LA PELÍCULA: 8 / 10

Sinopsis: Desmond Thomas Doss es un joven estadounidense que vive en el campo con su familia. Tras un accidente con su hermano cuando era pequeño y tras sufrir las continuas peleas entre sus padres, Desmond decide no tocar un arma jamás en su vida y dedicarse a salvar a la gente. Cuando la Segunda Guerra Mundial estalla, él se alista en el ejército y es destinado a un campo de entrenamiento bajo el mando del estricto sargento Howell, que les preparará para luchar en la Batalla de Okinawa.

Ficha técnica:

Dirigida por: Mel Gibson

País y año: Estados Unidos, 2016

Guion: Robert Schenkkan y Andrew Knight

Reparto: Andrew Garfield,  Sam Worthington, Hugo Weaving, Vince Vaughn, Teresa Palmer,Luke Bracey, Rachel Griffiths, Richard Roxburgh, Matt Nable, Nathaniel Buzolic,Ryan Corr y Goran D. Kleut

Música: Rupert Gregson-Williams

Fotografía: Simon Duggan

Género: bélico / histórico / drama / biopic

Duración: 131 minutos (2 horas 11 minutos)

Aliens: el regreso

CUANDO MÁS RESULTA SER MENOS

En 1979, Ridley Scott, con tan solo siete actores, prácticamente un único escenario (la nave Nostromo) y un alienígena, consiguió crear toda una obra maestra del cine de ciencia ficción y terror. Siete años después, en 1986, James Cameron, con más de veinte actores, un gran escenario (una colonia galáctica) y alrededor de un centenar de alienígenas, no logró superar a Scott, ni tan siquiera igualarle.

Inicialmente, los 104 millones de dólares que Alien: el octavo pasajero recaudó en todo el mundo, no convencieron a la 20th Century Fox para rodar una secuela. Sin embargo, el director James Cameron ya había manifestado su intención de dirigir una segunda parte y, tras el éxito que obtuvo con la aclamada Terminator (1984), la Fox le concedió lo que quería. El resultado de esto fue Aliens: el regreso.

Hay que decir que Cameron, como director de grandes superproducciones que es, se preocupa aquí más por el sentido del espectáculo y el despilfarre de efectos especiales que por mantener la tensión que Scott consiguió en la primera entrega. En Aliens: el regreso no se pasa ni la mitad de miedo que en su predecesora. Esto sería normal si la película no lo pretendiera, pero aquí queda bastante claro en algunas escenas la voluntad de su director de hacerlo, de crear tensión, de imitar a Scott, pero no lo consigue, y el resultado es, en ocasiones, algo mediocre.

También admito que las escenas de acción están bien logradas (creo que esa es la única virtud de Cameron), en especial el duelo final entre la invencible teniente Ripley y la Reina Alien, y la ambientación y escenografía son excelentes, y el filme, en su conjunto, resulta entretenido. Pero si se realizan comparaciones con la anterior entrega, esta sale perdiendo.

Su trama tarda además demasiado en arrancar, su metraje es excesivamente largo, supera las dos horas y media, de las cuales, se podría eliminar una entera perfectamente, porque la primera hora se hace bastante pesada, monótona y hasta aburrida. Puede que sea tan larga porque su intención es presentarnos a los personajes, pero la forma de hacerlo (mediante una serie de absurdas escenas similares a una película de tono militar rebosante de chistes de absurdo humor americano) es errónea y no hace sino empeorar el conjunto.

EN RESUMIDAS CUENTAS: no son necesarios un centenar de aliens para lograr una buena película. La primea, con tan solo uno, era bastante mejor. A pesar, de ello, Aliens: el regreso es un espectáculo entretenido que no lamentará ver (aunque intente no compararla con la primera).

NOTA DE LA PELÍCULA: 6,5 / 10

Sinopsis: tras haber vagado 57 años criogenizada en una nave por la galaxia después de haberse enfrentado al temible alien en la nave Nostromo, la teniente Ripley es rescatada por la misma empresa que la envió en su primera misión. Tras un trámite burocrático en el que la clasifican de “loca” por creer en la existencia del alien, un miembro de la compañía le propone volver a ese planeta con un equipo de militares para acabar con los alienígenas y restaurar las comunicaciones con la colonia humana que hay allí.

Ficha técnica:

Dirigida por: James Cameron

País y año: Estados Unidos, 1986

Guion: James Cameron, David Giler, Walter Hill. Personajes: Dan O’Bannon y Ronald Shusett

Reparto: Sigourney Weaver,  Paul Reiser, Lance Henriksen, Michael Biehn, Bill Paxton,Carrie Henn, William Hope, Jenette Goldstein, Al Matthews, Mark Rolston y Ricco Ross

Música: James Horner

Fotografía: Adrian Biddle

Género: ciencia ficción / acción / aventuras

Duración: 150 minutos (2 horas 30 minutos)

 

Alien: el octavo pasajero

¡TERROR EN LA NOSTROMO!

Ridley Scott siempre me ha parecido un director bastante irregular. Me fascina esa parte de su filmografía dedicada a la ciencia ficción con grandes títulos como la fantástica Blade Runner (1982) o la entretenida The Martian (2015), aunque mis decepciones han sido más que notables cuando al director le ha dado por adentrarse en aventuras históricas como la aburridísima Robin Hood (2010) o la tediosa y poco creíble Exodus: dioses y reyes (2014), en las que más bien se preocupaba por el puro espectáculo y la grandeza de las escenas que por construir tramas sólidas y bien narradas. Sin embargo, jamás antes había visto la que para muchos es la obra cumbre de este director: Alien, el octavo pasajero.

Y he de de decir que esta película es CINE con mayúsculas, cine puro y duro. Todo en Alien, el octavo pasajero resulta creíble, intenso, emocionante y aterrador. Admiro la maestría con la que Scott dirige esos momentos de tensión, sin un atisbo de banda sonora, en los que la cámara y los actores son lo único que importa, acompañados por el incesante, lento e inquietante sonido del latir de un corazón que parece ir al unísono con el del propio espectador. En ningún momento, ni siquiera al principio cuando la trama parece tardar en despegar el vuelo, la película aburre. Para nada, siempre mantiene al público con los ojos bien abiertos, pendientes de lo que sucede en la pantalla e incluso dudando si la criatura que los protagonistas buscan desesperados, está detrás de ellos mismos…

Me rindo ante Sigourney Weaver, una actriz formidable que ya en sus inicios demostraba ser una intérprete todoterreno encarnando el ya mítico personaje de la teniente Ripley, persiguiendo a una asquerosa y horripilante criatura en una intensa lucha por su supervivencia. Ni un haz de sol se ve en la película, Scott cuida que el tono y la estética se mantengan siempre oscuros, como si fuera permanentemente de noche y apenas hubiera luz en la misteriosa nave Nostromo.

EN RESUMIDAS CUENTAS: una formidable aventura que es todo un clásico de la ciencia ficción. Película intensa, verosímil, creíble e indispensable.

NOTA DE LA PELÍCULA: 8,75 / 10

Sinopsis: la nave espacial comercial Nostromo viaja de regreso a la Tierra tras una expedición a otro planeta en busca de diversos minerales. En el trayecto, recibe una señal de origen desconocido que hace que el ordenador central de la nave desvíe el rumbo hacia un planeta inexplorado en el que sufren un aterrizaje forzoso. Lo que no se imaginan es que no son los únicos seres vivos en ese planeta…

Ficha técnica:

Dirigida por: Ridley Scott

País y año: Estados Unidos, 1979

Guion: Dan O’Bannon

Reparto: Sigourney Weaver,  John Hurt, Yaphet Kotto, Tom Skerritt, Veronica Cartwright,Harry Dean Stanton y Ian Holm.

Música: Jerry Goldsmith

Fotografía: Dereck Vanlint y Denys Ayling

Género: ciencia ficción / terror / cine de culto / suspense

Duración: 116 minutos (1 hora 56 minutos)

 

Blackthorn: sin destino

LA LEYENDA DEL FORAJIDO

Butch Cassidy fue uno de los mayores forajidos del salvaje oeste americano que, junto a su compañero Billy, el Niño sembraban el terror atracando trenes, bancos y diligencias. En 1901 viajó a Sudamérica y allí se cree que murió en un tiroteo en Bolivia. Sin embargo, los datos sobre su muerte siempre han sido inciertos, lo que ha dado lugar a numerosas leyendas como la que dice que regresó a Estados Unidos y vivió bajo anonimato. Esa incertidumbre que siempre ha acompañado al fin del bandido, la aprovechan el guionista Miguel Barros y el director Mateo Gil (ambos españoles) para grabar Blackthorn: sin destino, un western rodado y ambientado en Bolivia.

Aunque la idea de un western cuya trama transcurre en Sudamérica pueda resultar un tanto extraña, les aseguro que Blackthorn cuenta con todos los elementos propios del género. En la película hay siniestros pistoleros, tiroteos, persecuciones a caballo, botines escondidos, traiciones… y todo ello en los espectaculares paisajes naturales bolivianos cuya excelente fotografía nos permite admirar. La verdad es que en cierto modo, Blackthorn es un western como los de antes, rodado con clasicismo y con un estilo frío y sombrío, con escaso sentimiento, que logra cautivar al espectador pese a un ritmo demasiado pausado. Pero, por otro lado, la película también cuenta con una faceta más moderna y realista que nos hace aventurarnos en su árida ambientación y que pretende escapar un poco de los clichés del género dotando al resultado de mayor originalidad, adentrándose más en las costumbres y la cultura boliviana, pero sin olvidar que sigue siendo un western.

El reparto resulta bastante convincente, siendo encabezado por el veterano Sam Shepard que con gran acierto interpreta a Cassidy, el forajido viejo, cansado, negativo y hastiado que ya ha vivido suficiente tiempo y que en cierto modo recuerda al hombre sin nombre que Clint Eastwood interpretaba en la Trilogía del dólar. Acompañándole tenemos al actor patrio Eduardo Noriega que interpreta a un madrileño con un secreto oculto.

Lástima que Blackthorn: sin destino sea una película prácticamente desconocida (a pesar de sus 4 Premios Goya y de las 11 nominaciones con las que contaba), que solo será recordada por aquellos que añoramos y queremos resucitar un género muy importante para el cine: el western.

NOTA DE LA PELÍCULA: 7,5 / 10

Sinopsis: supuestamente, el forajido Butch Cassidy y su compañero Billy, el Niño murieron en un tiroteo en Bolivia en 1908. Sin embargo, 20 años después, nos encontramos con Cassidy, que vive en una vieja cabaña en dicho país bajo la identidad de Sr. Blackthorn. Ahora, cansado de Sudamérica, desea volver a su país, sin embargo, cuando conoce a un joven español que acaba de robar un botín de una de las minas más importantes del país, cambia de idea.

Ficha técnica:

Dirigida por: Mateo Gil

País y año: España, 2011

Guion: Miguel Barros

Reparto: Sam Shepard, Eduardo Noriega,  Stephen Rea, Nikolaj Coster-Waldau,Magaly Solier, Dominique McElligott, Padraic Delaney, Cristian Mercado,Luis Aduviri, Raúl Beltrán, Erika Andia, Maria Luque, Claudia Coronel,Daniel Aguirre, Luis Bredow y Fernando Gamarra.

Música: Lucio Godoy

Fotografía: Juan Ruiz Anchía

Género: western / drama / aventuras

Duración: 98 minutos (1 hora 38 minutos)