Wall Street

CODICIA PURA Y DURA

Oliver Stone, cineasta polémico, incómodamente crítico, siempre reivindicativo, posee un innegable talento para plasmar en imágenes los aspectos más miserables de la especie humana. En su punto de mira siempre están los secretos, traiciones y conspiraciones que el todopoderoso gobierno de los Estados Unidos ha ocultado a lo largo de su historia. Desde la Guerra de Vietnam hasta nuestros días, pasando tanto por gobiernos demócratas como por republicanos, Stone nunca ha hecho distinción y siempre se ha esforzado por alcanzar la cada vez más inalcanzable verdad. También ha habido manchas en su historial como esa cutrez titulada World Trade Center (2006), pero por lo general su filmografía nos ha regalado películas verdaderamente interesantes como la que nos atañe hoy: Wall Street.

Tomando como punto de partida la historia de un joven agente de bolsa sin éxito en su trabajo que pretende ser partícipe del mundo de los grandes negocios, Stone realiza un sutil retrato del sector financiero estadounidense, una enorme máquina cuyo principal motor es la codicia. Todo ello reflejado en la figura del empresario ficticio Gordon Gekko, encarnado por un genial Michael Douglas que se llevó el Oscar al mejor actor. Gekko es astuto, inteligente, hábil, ambicioso, desmedido e inmoral, una perfecta personificación de la codicia, un villano sobresaliente. Gekko maneja a diario asombrosas cantidades de dinero, resucita o hunde compañías por mero interés, sin importarle las consecuencias que sus acciones conllevan ni pensar lo más mínimo en el bien del prójimo. Y entre tanto vaivén de millones de dólares, acciones, inversiones y demás procesos propios de este sector, es normal desorientarse y hasta perderse entre tanta jerga de economistas, siendo ese el punto más débil del filme.

Pero claro, como en todo filme con vocación crítica, el público necesita un personaje con el que identificarse, alguien que no sea la personificación de la codicia, sino el representante de la humildad, la justicia y la sensatez. Ese contrapunto a los ideales que defiende Gekko está presente en Wall Street en la figura del veterano actor Martin Sheen (cuyo hijo Charlie Sheen comparte protagonismo con Douglas) que defiende los intereses de los más desfavorecidos, abogando por un capitalismo más moderado y no tan salvaje. Por lo demás, todo en el filme resulta correcto, desde un muy notable guion con algunos diálogos memorables hasta una interesante visión de lo que se cuece en las altas esferas de la tan cinematográfica Nueva York. Lástima que al final Stone sucumba a los tópicos del cine americano con un desenlace predecible y de lo más hollywoodiense.

NOTA DE LA PELÍCULA: 8 / 10

Sinopsis: Bud Fox es un joven agente de bolsa sin éxito que trabaja para una firma en Nueva York. Su mayor sueño es formar parte del mundo de los grandes negocios y, gracias a su insistencia, consigue adentrarse en el círculo personal del multimillonario Gordon Gekko, que le enseñará todos los trapicheos y secretos del mundo de la bolsa, un juego sin reglas.

Ficha técnica:

Dirigida por: Oliver Stone

País y año: Estados Unidos, 1987

Guion: Stanley Waisner y Oliver Stone

Reparto: Charlie Sheen, Michael Douglas, Daryl Hannah, Martin Sheen, Terence Stamp, Hal Holbrook, John C. McGinley, Saul Rubinek, Tamara Tunie, Paul Guilfoyle, Sylvia Miles, Richard Dysart y Millie Perkins

Música: Stewart Copeland

Fotografía: Robert Richardson

Género: drama / bolsa y negocios / economía / crítica social

Duración: 120 minutos (2 horas)

NOTA: la película tiene una secuela: Wall Street: el dinero nunca duerme (2010)

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Arde Mississippi

EN TIERRA HOSTIL

Parece mentira que en Estados Unidos, un país que siempre se ha presentado como una gran nación donde los valores de la igualdad, la libertad y la democracia son respetados por todos, hace apenas unas décadas se viera en algunos estados cómo el más violento y salvaje racismo era practicado por miles de habitantes hacia las personas de color con el único y absurdo fin de mantener la supremacía blanca. En el cine este tema ha sido tratado en innumerables ocasiones, desde clásicos westerns de John Ford hasta la violenta Django desencadenado (2012) de Tarantino. A mi juicio, las películas que mejor han reflejado esa sociedad rancia, retrógrada y conservadora son la maravillosa Matar a un ruiseñor (1962), la interesante La herencia del viento (1960) y la genial Criadas y señoras (2011). Pero ahora debo añadir un título más a esta lista: Arde Mississippi (1988).

El filme se ambienta en un pequeño pueblo sureño del estado de Mississippi en 1964 donde tres activistas defensores de los derechos civiles desaparecen en extrañas circunstancias. Dos agentes del FBI llegan entonces a la localidad con el fin de averiguar qué sucedió con los muchachos. El planteamiento del filme es simple y sin duda su interés no reside en querer saber qué pasó con los activistas dado que esto ya se narra en las primeras escenas, sino en adentrarnos en esa tierra tan hostil poblada por gentes aferradas a sus tradiciones y donde se llevan a cabo auténticas barbaridades contra la población de color por parte de organizaciones como el horrible Ku Klux Klan.

Cabe mencionar también a la singular pareja de detectives que protagoniza esta cinta. Por un lado tenemos a un muy correcto Willem Dafoe que da vida a un serio, siempre recto y respetuoso defensor de la ley desconocedor de las costumbres del estado en el que se encuentra, mientras que el genial Gene Hackman encarna a un temperamental, experimentado y violento agente que conoce muy bien el lugar que visita. El tan explotado choque de personalidades entre los dos protagonistas funciona de maravilla en este filme aunque quizá quede algo escaso, deseando más duelos dialécticos entre estos dos personajes. También cabe destacar el reparto de secundarios encabezado por una estupenda Frances McDormand y un muy creíble Brad Dourif.

En resumidas cuentas, Arde Mississippi es una muy buena denuncia social, un filme que no solo trata temas como el racismo, pese a ser ese el principal, sino también otros como el machismo, el conservadurismo más extremo y el resto de repugnantes valores que se respiraban en aquella sociedad.

NOTA DE LA PELÍCULA: 8,5 / 10

Sinopsis: 1964. En un pueblo sureño del estado de Mississippi con fuertes vínculos al Ku Klux Klan, tres activistas a favor de los derechos humanos desaparecen misteriosamente. Los agentes Ward y Anderson del FBI son enviados a la localidad para averiguar qué sucedió exactamente.

Ficha técnica:

Dirigida por: Alan Parker

País y año: Estados Unidos, 1988

Guion: Chris Gerolmo

Reparto: Gene Hackman, Willem Dafoe, Frances McDormand, Brad Dourif, Michael Rooker, R. Lee Ermey, Stephen Tobolowsky, Gailard Sartain y Pruitt Taylor Vince

Música: Trevor Jones

Fotografía: Peter Biziou

Género: drama / intriga / racismo / histórico

Duración: 128 minutos (2 horas 8 minutos)

Twin Peaks

LYNCH Y FROST: ¿GENIOS O LOCOS?

Twin Peaks es un pequeño y tranquilo pueblo de 51.201 habitantes situado al norte de Estados Unidos, en el estado de Washington, junto a la frontera con Canadá. Pronto una terrible noticia rompe la paz y la armonía que se respiran en la localidad: Laura Palmer, una joven de diecisiete años, estudiante modelo, querida y respetada, aparece muerta envuelta en una bolsa de plástico junto a un lago. Así, la policía de Twin Peaks, con la colaboración del FBI, inicia una profunda investigación para saber quien acabó con la vida de la joven.

David Lynch y Mark Frost, los creadores de la serie

Es posible que quien lea estas palabras no sienta ni la más mínima curiosidad por esta historia. Al fin y al cabo, todo parece normal, un planteamiento sencillo que sigue el esquema de cualquier otra trama de misterio, simples policías que investigan uno de tantos asesinatos vistos en el cine y la televisión… pero se nos olvida una cosa, y es que esto es Twin Peaks, un pueblo en el que es normal tener sueños extraños, ver a una señora paseándose a todas horas con un leño, comer rosquillas y tomar cafés como si la vida nos fuera en ello… Cuando los cineastas David Lynch y Mark Frost inventaron este pequeño mundo en 1989, no se imaginaban que su creación se convertiría en una serie de culto que marcó a toda una generación de espectadores.

Partiendo de una premisa aparentemente simple, Lynch y Frost idearon una trama mucho más compleja y retorcida, original y sorprendente. Twin Peaks es una de las mejores series de televisión que he visto. En ella todo resulta ejemplar: sus excéntricos (e incluso irritantes) personajes, la genial partitura del músico Angelo Badalamenti que acompaña al arranque de cada episodio, su trama cada vez más confusa e indescifrable, los lugares de ese ficticio pueblo estadounidense rodeado por las montañas, los abetos Douglas y la niebla, siempre presagiando que algo terrible va a ocurrir, la constante expresión de asombro y desconcierto que me causaba al finalizar cada capítulo… Y su reparto, desde la inolvidable pareja formada por los actores Kyle MacLachlan y Michael Ontkean hasta el papel de la atractiva Madchen Amick o el inquietante personaje de Kenneth Welsh.

Pero tampoco quiero derretirme en elogios hacia esta obra maestra de la televisión que tan buen rato me ha hecho pasar. Me hubiera gustado que fuera así, pero la sensación con que me he despedido de ella no ha sido la deseada. Cierto es que sufre un notable declive en la calidad de los guiones a mediados de su segunda temporada, pero nada imperdonable ya que rápidamente alza el vuelo con una nueva y sorprendente trama. Sin embargo, todo se echa a perder en su episodio final. Lo que prometía ser un brutal desenlace se convierte en una infumable paja mental de sus creadores con escenas tan desconcertantes, absurdas, surrealistas e ilógicas como decepcionantes.

Ignoro la sensación que me causará su tercera temporada conocida como Twin Peaks: el retorno, rodada 27 años después del estreno de la original, ya que todavía no la he visto, aunque me atrevo a aventurar por lo que he curioseado, que será otra ilógica y extraña experiencia. Ignoro también si sus creadores, Lynch y Frost, son verdaderos genios o simplemente locos que se divierten jugando con el espectador como si de una simple ficha de parchís se tratara. Pero lo que no ignoro, lo que sé con certeza, es que esta serie se quedará grabada para siempre en mi memoria, y que seguiré tarareando su maravillosa banda sonora.

NOTA DE LA SERIE: 8,5 / 10

Sinopsis: Twin Peaks es un pequeño y tranquilo pueblo al norte de Estados Unidos. Pronto, la vida de sus vecinos se ve afectada por un inesperado suceso: Laura Palmer, una joven muy querida, aparece muerta junto a un lago. Así, la policía de la localidad, liderada por el sheriff Truman, con la ayuda del agente Cooper del FBI, inician una gran investigación para averiguar quien acabó con la vida de la joven.

Ficha técnica:

Creadores: Mark Frost y David Lynch

Dirección: Mark Frost, David Lynch (+directores invitados)

Guion: Mark Frost, David Lynch, Harley Peyton, Robert Engels, Barry Pullman, Tricia Brock y Scott Frost

Música: Angelo Badalamenti y David Slusser

País, año y cadena: Estados Unidos / 1990-1991 / CBS

Reparto: Kyle MacLachlan, Michael Ontkean, Lara Flynn Boyle, Madchen Amick, Sherilyn Fenn, Dana Ashbrook, James Marshall, Michael Horse, Richard Beymer, Peggy Lipton, Ray Wise, Joan Chen, Harry Goaz, Eric DaRe, Kimmy Robertson, Jack Nance, Piper Laurie, Everett McGill, Sheryl Lee, Ian Buchanan, Miguel Ferrer, David Lynch, David Duchovny, Russ Tamblyn, Kenneth Welsh, Warren Frost y Catherine E. Coulson

Temporadas (y episodios): 2 temporadas, 30 episodios

Duración: 45 minutos por episodio (excepto los primeros de temporada)

Género: misterio / intriga / drama / comedia / fantasía / sobrenatural

Braveheart

¡HIJOS DE ESCOCIA!

Si hay algo con gran influencia en el público, que haya distorsionado la historia, eso es el cine. Múltiples personajes reales han sido llevados a la gran pantalla bajo la dirección de grandes cineastas y en célebres películas, sin embargo, eso no justifica su rigor histórico. No hay más que ver títulos como Quo Vadis (1951), Espartaco (1960), El Cid (1961) o Michael Collins (1996), para ver que el cine no es un reflejo de la realidad, sino una dramatización de los hechos en la que normalmente la verdad no es lo primordial, sino el sentido del espectáculo. Eso no significa, sin embargo, que todas aquellos filmes ambientados en épocas pasadas y que narran hechos verídicos merezcan ser desechados o despreciados, sino simplemente que no han de ser tomados como un fiel reflejo de la verdad, y eso no quita que muchos de ello sean auténticas obras maestras.

El verdadero William Wallace

Dicho esto, tras estrenar El hombre sin rostro en 1993, Mel Gibson decidió que su segunda película como director debía ser una superproducción de 72 millones de dólares sobre la vida y las hazañas del héroe independentista escocés sir William Wallace en la Edad Media protagonizada por él mismo. Ignoro qué impulsó a este polémico cineasta a embarcarse en tal costoso proyecto, pero lo cierto es que la jugada le salió redonda. Su película Braveheart se hizo con nada más que cinco Premios Óscar incluyendo los de mejor película y mejor director para Gibson. Y lo cierto es que lo merecía.

Pese a unos 45 minutos iniciales un tanto tediosos y demasiado sensibleros pero necesarios para dar la motivación y el impulso necesarios al héroe, Braveheart se convierte en una muy entretenida y emocionante historia de aventuras, traiciones, romances, heroicidades y batallas que son puro espectáculo. No hay ni un atisbo de tecnología digital o modernos efectos especiales, está rodada con clasicismo y todo resulta realista y convincente. Gibson recrea grandes y violentas batallas con maestría y con el acompañamiento de la genial y gaitera banda sonora de James Horner.

De hecho, la película dura casi tres horas y no se hace nada larga. Además, logra hacernos empatizar con ese guerrero persistente, justo y de corazón valiente (Brave heart, valga la redundancia) que fue William Wallace. Nos alegramos con sus victorias, nos apenamos con sus derrotas y nos emocionamos con sus heroicidades. Y a pesar de que no me conmueve ni me agrada lo más mínimo el famoso discurso de los Hijos de Escocia, admito que Gibson sabe crear un logrado y contagioso dramatismo que nos hace olvidarnos de los convencionalismos, clichés y demás sucesos predecibles que hay en su guion. Además, nos da el gusto de poder ver un patriotismo que, por una vez, no es americano, lástima que el sufrimiento y las eternas luchas de William Wallace fueran en vano. ¡Viva Escocia!

NOTA DE LA PELÍCULA: 8,5 / 10

Sinopsis: Escocia, siglo XIV. El rey ha muerto sin descendencia y los lores escoceses, además de Inglaterra, luchan por el trono. William Wallace es un niño que sufre la pérdida de su padre a manos de los ingleses, por lo que huye con su tío. Años después, William regresa a Escocia para vengar la muerte de su padre y liderar una rebelión contra los ingleses que gobiernan el territorio con leyes crueles e injustas.

Ficha técnica:

Título original: Braveheart

Dirigida por: Mel Gibson

País y año: Estados Unidos, 1995

Guion: Randall Wallace

Reparto: Mel Gibson, Sophie Marceau, Patrick McGoohan, Angus MacFadyen,Catherine McCormack, Brendan Gleeson, David O’Hara, Tommy Flanagan,Brian Cox, James Cosmo, Alun Armstrong, Ian Bannen y Sean McGinley

Música: James Horner

Fotografía: John Toll

Género: aventuras / histórico / drama / épico / medieval

Duración: 177 minutos (2 horas 57 minutos)

Valerian y la ciudad de los mil planetas

ORIGINAL PERO FALLIDA CIENCIA FICCIÓN

No sabría si clasificar a Luc Besson como un buen o un mal director, pero lo que no cabe duda es que este francés amante del cómic es un cineasta (y escritor) de lo más original. Yo siempre asocio su nombre con su malentendida y vapuleada El quinto elemento (1997), la película más loca, extravagante y entretenida que he visto en mi vida. También me lo pasé bien con la divertida aunque algo extraña Adèle y el misterio de la momia (2010), adaptación del célebre cómic de Tardi, pero mi decepción fue tremenda con esa solemne idiotez sin sentido titulada Lucy (2014). Ahora, el cineasta francés ha cumplido uno de sus mayores sueños adaptando a la gran pantalla el cómic de ciencia ficción Valerian y Laureline del que el mismísimo George Lucas tomó inspiración para Star Wars, y el resultado es Valerian y la ciudad de los mil planetas.

Tras un curioso arranque al ritmo del Space Oddity de David Bowie, pronto queda patente que Besson ha dejado atrás sus características extravagancias para sucumbir a los convencionalismos más comerciales tratando de hacer que su producto sea lo más atractivo posible para todo tipo de públicos. Lo cierto es que el filme resulta medianamente entretenido aunque sobre parte del metraje, pero su principal problema está en su reparto. Los actores principales Dane DeHaan y Cara Delevingne son dos intérpretes verdaderamente pésimos, incapaces de transmitirme ni un ápice de sentimiento o emoción con escenas de amor realmente vergonzosas con diálogos de lo más mediocres. Desafortunadamente, estos dos individuos acaparan todo el protagonismo del filme ocultando a un mucho más notable reparto de secundarios con intérpretes tan buenos como Clive Owen, Ethan Hawke o John Goodman.

Pero vayamos ahora a lo que es el factor más importante de esta superproducción francesa y del que tanto han alardeado sus responsables en los diversos tráilers y anuncios del filme: el despliegue visual. Estéticamente, la película parece una mezcla entre Avatar (2009), El quinto elemento (1997) y la saga Star Wars y lo cierto es que su gran (197 millones de euros de presupuesto) despliegue visual, pese a ser enteramente digital, resulta realista y convincente, creando escenas bellas y verdaderamente espectaculares, aunque a veces tengo la sensación de que todo ha sido recargado sin necesidad.

Finalmente, solo me queda decir que esta no es una gran aventura de ciencia ficción que pasará a la posteridad, fallan demasiados elementos, pero tampoco un filme completamente despreciable. Simplemente es un tremendo despliegue visual que rebosa tanto de clichés en su trama como de originalidad en su estética y, lo más importante, nos deja la sensación de que en Europa este tipo de cine también es posible y de que Luc Besson se ha divertido muchísimo rodando esto.

NOTA DE LA PELÍCULA: 6,75 / 10

Sinopsis: siglo XXVIII. Valerian y Laureline son dos agentes federales al servicio del gobierno de Alfa, una enorme estación espacial conocida como la Ciudad de los Mil Planetas en la que conviven todo tipo de razas. Tras una misión, el gobierno les encomienda a los agentes detener a una misteriosa amenaza aparentemente radiactiva situada en el núcleo de la ciudad.

Ficha técnica:

Título original: Valerian and the city of a thousand planets

Dirigida por: Luc Besson

País y año: Francia, 2017

Guion: Luc Besson

Reparto: Dane DeHaan, Cara Delevingne, Clive Owen, Ethan Hawke, Rihanna, Herbie Hancock, Rutger Hauer, Kris Wu, Emilie Livingston y Aurelien Gaya

Música: Alexandre Desplat

Fotografía: Thierry Arbogast

Género: ciencia ficción / aventura espacial / acción

Duración: 137 minutos (2 horas 17 minutos)

Spider-Man: Homecoming

SPIDEY VUELVE AL INSTITUTO

Desde siempre Spider-Man ha sido mi superhéroe favorito en cómic. Sobretodo me encantaban esas primeras y fantásticas historias publicadas en los años 60 en las que el escritor Stan Lee y el dibujante Steve Ditko compaginaban a la perfección la vida diaria del joven Peter Parker en el instituto con sus hazañas como el héroe arácnido de Nueva York. Sin embargo, el puesto de mi héroe preferido en el cine lo ostenta de momento el oscuro y siniestro Batman (no el de Ben Affleck) que Tim Burton y Christopher Nolan han sabido llevar tan bien. No obstante, el famoso hombre araña le sigue de cerca. Me entretuve muchísimo con la primera Spider-Man (2002) y sus dos secuelas con el siempre correcto Tobey Maguire como protagonista. Tampoco me disgustaron demasiado los dos filmes de The Amazing Spider-Man, a pesar de que les sobraban romance y dramatismo y, sin habernos dado casi ni cuenta, llega ahora Spider-Man: Homecoming que ya es la sexta aventura del trepamuros en la gran pantalla.

Cartel del filme al estilo del cómic

En estos tiempos en los que el cine de superhéroes está en su época de mayor apogeo (que acabará decayendo poco a poco como el western tal como predice Spielberg), Marvel Studios ya ha formado un universo de películas en las que las invasiones extraterrestres, las ciudades arrasadas y los superhéroes son algo corriente, cosa del día a día. Y en este mundo poblado por monstruos verdes, dioses nórdicos y hombres de hierro, se sitúa Spider-Man: Homecoming que ha decidido proseguir con ese estilo cómico y moderno que han adaptado los filmes del género desde que Guardianes de la galaxia (2014) se convirtiera en un éxito inesperado. Y lo cierto es que mayoritariamente funciona. La película es una entretenida aventura cargada de acción que nos devuelve a ese Peter Parker tímido, inseguro y adolescente que era en los cómics originales. Y precisamente en eso residen lo mejor y lo peor de la película.

Por un lado, el filme está dotado de un estilo fresco y moderno y de un ritmo ágil y sencillo que no pretende mostrar una gran epopeya con un tremendo sentido del espectáculo, sino una aventura más de estar por casa, a lo que contribuye el nuevo actor protagonista, Tom Holland, que resulta ser una grata sorpresa que encaja a la perfección en el personaje. Mientras que por otro lado, ese estilo lleva a los guionistas a querer imitar en todo la jerga, actitudes e inquietudes de un chaval de 15 años, haciendo que el filme se vea rodeado por un ambiente algo pueril y unos diálogos bastante mediocres, aparte de una innecesaria tendencia a modernizar el traje y los utensilios del héroe arácnido asemejándolo en ocasiones a Iron-Man, personaje al cual introducen en la trama de la película para recordarnos que, a pesar de que su trilogía haya terminado, sigue existiendo.

Del resto del reparto (nada portentoso) no cabe más que decir, salvo destacar al siempre genial Michael Keaton que se pone en la piel del villano conocido como el Buitre, un personaje al que, sin embargo, no explotan lo suficiente en la trama. Por lo demás, Spider-Man: Homecoming no es ni la mejor ni la peor película del hombre araña, tan solo una predecible historia que ofrece un muy digno entretenimiento, alguna que otra risa y unos originales créditos finales al ritmo de la música de Los Ramones. No lamentarán verla.

NOTA DE LA PELÍCULA: 7 / 10

Sinopsis: Peter Parker es un adolescente de 15 años que vive deseando que su mentor, Iron Man, le llame para una nueva misión con los Vengadores. Mientras tanto, él sigue compaginando su vida diaria con sus pequeñas aventuras como el héroe Spider-Man, hasta que un malvado villano con armamento extraterrestre llamado el Buitre, irrumpe en su vida.

Ficha técnica:

Título original: Spider-Man: Homecoming

Dirigida por: Jon Watts

País y año: Estados Unidos, 2017

Guion: John Francis Daley, Jonathan Goldstein, Christopher Ford, Chris McKenna, Jon Watts y Erik Sommers

Reparto: Tom Holland, Michael Keaton, Jacob Batalon, Robert Downey Jr., Zendaya, Jon Favreau, Tony Revolori,  Laura Harrier, Angourie Rice, Kenneth Choi,Michael Barbieri, Logan Marshall-Green, Donald Glover, Tyne Daly, Martin Starr,Hannibal Buress, Abraham Attah, Michael Mando, Bokeem Woodbine y Jona Xiao

Música: Michael Giacchino

Fotografía: Salvatore Totino

Duración: 133 minutos (2 horas 13 minutos)

Género: superhéroes / comedia / ciencia ficción / acción / cine adolescente

La guerra del planeta de los simios

SOLO PUEDE QUEDAR UNO

El planeta de los simios (1968) es una de mis películas favoritas. Ignoro si esta exitosa obra maestra hace o no justicia a la novela del escritor francés Pierre Boulle en la que se basa, pero yo siempre recordaré ese gran desenlace en el que Charlton Heston, cansado, acorralado y derrotado, abandona la montura de su caballo para postrarse ante las ruinas de la Estatua de la Libertad comprendiendo que el planeta al que él y sus desafortunados compañeros han ido a parar no es otro que la Tierra en un futuro no determinado. Tan buen sabor de boca me dejó aquel filme, que me tragué sus cuatro secuelas, de las que apenas me acuerdo, hasta llegar a un cutre e infumable desenlace. Luego llegó la versión de Tim Burton, que afortunadamente he logrado olvidar, y en 2011, la 20th Century Fox vio posibilidad de más negocio y estrenó la entretenida El origen del planeta de los simios, dando inicio a una nueva trilogía que prosiguió en 2014 con la sobrevalorada El amanecer del planeta de los simios hasta llegar a su conclusión definitiva en La guerra del planeta de los simios.

Mis expectativas ante este filme eran bastante bajas, e inesperadamente me he llevado una grata sorpresa. Su director Matt Reeves rueda con gran eficacia, cierta maestría y una narración algo tediosa esta historia que nos sitúa en un planeta Tierra postapocalíptico en el que los simios, siempre liderados por el magnánimo César, viven acorralados en los bosques ante la constante amenaza de unos recién llegados soldados, aunque con un ritmo en ocasiones excesivamente pausado. Los humanos ceden aquí todo el protagonismo a la raza simiesca que ocupa todo el primer plano. Y lo cierto es que al principio, la ausencia de diálogos y el continuo uso del lenguaje de signos, hace que cueste empatizar con esos simios, pero pronto esa sensación desaparece, ya que estos animales son lo más humanos posibles o al menos lo más humanos que la tecnología digital puede permitir.

Aquí, debido a un terrible e inesperado suceso, el siempre justo y cabal César se ve dominado por el odio y la ira hacia un malvado coronel humano al que no deja de perseguir en una guerra personal de la que solo uno puede salir con vida. Y es curioso ver cómo al final sonreímos o nos apenamos con las vivencias de este simio llegando incluso a sentir odio hacia nuestros semejantes, los humanos, ya que el director se encarga de mostrarnos un comportamiento salvaje y hasta despiadado que nos hace dudar de qué raza es más primitiva. Pero el propósito de la película, mucho más profunda que sus antecesoras, no es solo pintar el lado malo de la especie humana sino mostrarnos cómo hay razón en ambos bandos, cómo a ambos les importa lo mismo: luchar por perpetuar su especie, por el bien de sus compañeros.

Y lo mejor de todo es cómo el filme nos trasmite ese mensaje, a lo que contribuye su espectacular fotografía, combinándolo con las secuencias e imágenes más espectaculares propias del mejor cine de acción con la gran banda sonora de Giacchino, hasta precipitarse a un justo y buen desenlace que, sin embargo, nos deja la sensación de que la versión de 1968 sigue siendo insuperable.

NOTA DE LA PELÍCULA: 8 / 10

Sinopsis: en la Tierra, los simios liderados por César viven acorralados en los bosques mientras que un malvado coronel humano trata de vencerlos. Una noche, un ataque contra los simios acaba con la vida de la mujer y el hijo de César. Los simios deciden entonces marchar en busca de un nuevo escondite, pero César se queda, con sed de venganza.

Ficha técnica:

Título original: War for the planet of the apes 

Dirigida por: Matt Reeves

País y año: Estados Unidos, 2017

Guion: Mark Bomback y Matt Reeves

Reparto: Andy Serkis, Woody Harrelson, Amiah Miller, Gabriel Chavarria, Steve Zahn,Karin Konoval, Ty Olsson, Judy Greer, Sara Canning, Devyn Dalton,Michael Adamthwaite, Aleks Paunovic y Toby Kebbell

Música: Michael Giacchino

Fotografía: Michael Seresin

Género: ciencia ficción / aventuras / bélico / acción

Duración: 142 minutos (2 horas 22 minutos)